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id da página: 10057 FENOMENOLOGIA ENCARNAÇÃO

Fenomenologia da Encarnação

Filosofia

Michel Henry: ENCARNAÇÃO

La inversión de la fenomenología ha retirado a la intencionalidad del pensamiento, más fundamentalmente, al Ek-stasis del mundo, la capacidad de revelar la modalidad más simple de la vida: la impresión. La realidad de la impresión resulta abolida en el primer diferimiento de la temporalidad. Sin embargo, la revelación de la impresión sólo puede ser confiada a la impresión misma, y la revelación del dolor al dolor, si la impresión lleva en sí la auto-revelación de la vida. Toda vida reviste una forma impresiva porque esta auto-revelación se cumple como un pathos en la auto-impresividad de una carne. De este modo, la fenomenología de la impresión nos ha remitido a una fenomenología de la carne, la cual toma su propia posibilidad de la vida. Éste es, pues, el sentido final de la inversión: sustituir el aparecer del mundo en el que se nos muestran los cuerpos por el de la vida, en cuya afectividad transcendental es posible toda carne.

Nuestra propia carne no es, por tanto, más susceptible de traerse a sí misma que la impresión. Si la carne sólo es concebible en la auto-revelación patética de la vida, y como la materia fenomenológica pura de su auto-impresividad — no siendo otra cosa que esto —, hay que proseguir el análisis de la vida. Ahora bien, ésta nos fuerza a un último aplazamiento. Desde el momento en que ésta es interpretada en su significación fenomenológica radical, como el modo radical según el cual se fenomeniza la fenomenicidad, la vida que se revela en la auto-impresividad de su carne patética lleva todavía en sí un rasgo decisivo. La que cumple esta venida no es precisamente esta vida que viene a sí experimentándose en su carne. Si fluye a través de nosotros y nos hace vivientes sin contar con nosotros, independientemente de nuestro poder y de nuestro querer — pues siempre y ya, antes de giramos un instante hacia ella para acogerla o rechazarla, para decirle sí o no, la vida está en nosotros, y nosotros en ella, en esa pasividad radical que alcanza por igual a la impresión y a nuestra vida entera —, se trata por tanto, en efecto, de esa vida que nos precede en el corazón mismo de nuestro ser, de esa vida que no es solamente nuestra.

De esta manera, todos los caracteres reconocidos en la impresión — su materia en cuanto materia fenomenológica dotada del poder de auto-impresionarse y, así, de revelarse a sí en su misma impresividad; su capacidad de definir de este modo la realidad en su oposición a toda aparición noemática mundana; su pertenencia forzosa a alguien y, así, la irrecusable «presencia» en ella de un «yo» [moi] — no apelaban a la simple existencia de una vida fáctica, aunque ésta fuese entendida en su fenomenicidad pura y específica. Desde el comienzo, la fenomenología de la carne tomaba cada uno de sus caracteres de una vida absoluta, y a partir de ésta se esforzaba en comprenderlos. El más significativo de ellos, el hecho de que sin cesar nazcan en nosotros nuevas impresiones de manera que «de nuevo, continuamente, hay ahí una impresión», ¿expresa otra cosa que la eterna venida a sí de esta Vida?

Ahora bien, la eterna venida a sí de la Vida absoluta, en el proceso por el que se auto-genera auto-revelándose en su Parusía, que no tiene comienzo ni fin, no explica sólo la iteración enigmática y la repetición sin fin de las impresiones originarias en nuestra carne: da cuenta de ésta en primer lugar. Es la forma en que la Vida absoluta viene a sí en una Archi-pasibilidad propia de la auto-afección patética de todo «vivir» concebible, es el Archi-pathos de esta Archi-carne el que se encuentra supuesto en toda fenomenización de la vida y, así, en todo viviente — puesto que éste no posee precisamente la capacidad de traerse a sí mismo a la vida —. A pesar de su finitud, o más bien a causa de ella, ¿no tiene que aceptar este viviente las condiciones de la vida? Lo que no lo separa de ella en ningún momento es que no posee él mismo la Archi-pasibilidad, es decir, la capacidad originaria de traerse a sí mismo a sí, bajo la modalidad de una efectuación fenomenológica patética. Toda carne es pasible en la Archi-pasibilidad de la Vida absoluta. Es posible en ella. Una carne que, a decir verdad, no es otra cosa que esto: la pasibilidad de una vida finita que toma su posibilidad de la Archi-pasibilidad de la vida infinita. Si algo como la carne no es concebible más que a partir de esta venida originaria a la carne, venida que no depende de esta misma carne, entonces la fenomenología de la carne remite en efecto a una fenomenología de la Encarnación.